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¿Qué es un psicotrópico o un producto psicoactivo?
Un psicotrópico es un producto o sustancia química que actúa sobre el sistema nervioso central modificando ciertos procesos cerebrales. Estas sustancias alteran la percepción, el estado de ánimo, las emociones, la conciencia u otras funciones conductuales y psicológicas. Utilizado en los convenios internacionales, el término es hoy objeto de diferentes definiciones según las legislaciones —en Francia, Bélgica y Suiza, en particular— y sigue siendo objeto de debate en los círculos científicos y jurídicos.
Psicotrópico o psicoactivo: ¿qué diferencia hay?
Etimológicamente, «psicotrópico» significa que actúa sobre la mente o el comportamiento. Según J. Delay, psiquiatra francés, una sustancia psicotrópica es cualquier sustancia «susceptible de modificar la actividad mental, sin prejuzgar el tipo de dicha modificación».
En el lenguaje coloquial, ambos términos —psicotrópico y psicoactivo— se utilizan a menudo de forma intercambiable. Para comprender mejor el vocabulario relacionado con el cannabis y las sustancias psicoactivas, nuestro glosario sobre el cáñamo, el CBD y el cannabis puede resultarle útil. Sin embargo, en un contexto médico o científico, puede existir una diferencia: el concepto de psicoactivo se refiere, en un sentido más amplio, a cualquier sustancia que actúe sobre el sistema nervioso central, mientras que el término psicotrópico está más arraigado en la normativa internacional y el derecho farmacéutico.
¿Por qué se consumen psicotrópicos? Las diferentes razones de uso
El consumo de sustancias psicoactivas se remonta a tiempos inmemoriales. La mayoría de las civilizaciones han recurrido a plantas, hongos u otros productos naturales con efectos psicotrópicos, ya sea por motivos espirituales, médicos o recreativos.
Hoy en día, se distinguen varios tipos de uso:
- Uso recreativo: para alterar intencionadamente la conciencia o el comportamiento
- Uso terapéutico: para tratar trastornos mentales (depresión, ansiedad, trastornos bipolares, psicosis…) o neurológicos
- Uso para mejorar el rendimiento: para mejorar las capacidades físicas o intelectuales
- Uso espiritual: en un contexto ritual o como enteógeno
- Consumo involuntario: en casos de administración sin el conocimiento de la persona
Riesgos asociados al uso repetido: dependencia y abstinencia
Un consumo repetido de psicotrópicos puede provocar una dependencia física o psíquica. Este es el caso, en particular, del alcohol, los opiáceos o ciertos medicamentos como las benzodiazepinas. El organismo se adapta progresivamente a la sustancia: es el fenómeno de la tolerancia o la habituación.
La interrupción brusca del consumo de ciertas sustancias psicotrópicas puede provocar un síndrome de abstinencia: temblores, trastornos del sueño, ansiedad e incluso convulsiones, dependiendo de la molécula en cuestión. Por eso, cualquier tratamiento farmacológico a base de psicotrópicos debe ser objeto de un seguimiento terapéutico riguroso por parte de un profesional sanitario, y nunca debe interrumpirse sin consejo médico.
Además, el efecto percibido puede ser desagradable —o incluso traumático— según la sensibilidad del consumidor, como en el caso de un mal viaje con sustancias alucinógenas.
¿Cuáles son los efectos de los psicotrópicos?
Los efectos de los psicotrópicos varían considerablemente según la sustancia, la dosis, la forma de consumo y el perfil de la persona. Sin embargo, se pueden agrupar en varias grandes categorías de efectos:
- Alteración del estado de ánimo: euforia, bienestar, depresión, irritabilidad
- Alteración de la conciencia: sedación, disociación, estado de vigilia intenso
- Alteración de la percepción: alucinaciones visuales o auditivas, distorsión del tiempo
- Efectos cognitivos: trastornos de la memoria, de la concentración o, por el contrario, estimulación intelectual
- Efectos fisiológicos: alteración del ritmo cardíaco, de la temperatura corporal, somnolencia
Estos efectos pueden buscarse en un contexto terapéutico —como la reducción de la ansiedad mediante un ansiolítico— o sufrirse como efectos secundarios indeseables de un medicamento recetado.
¿Son peligrosos los psicofármacos?
La peligrosidad de un psicotrópico depende de varios factores: la sustancia en sí, la dosis, la frecuencia de consumo, el contexto y las características individuales del paciente.
Los principales riesgos asociados al consumo de psicofármacos son:
- Dependencia física: el cuerpo reclama la sustancia para funcionar con normalidad
- Dependencia psíquica: necesidad compulsiva de consumir a pesar de las consecuencias
- Toxicidad: efectos nocivos en los órganos (hígado, cerebro, corazón…)
- Efectos secundarios: somnolencia, trastornos de la coordinación, aumento de peso, disfunciones sexuales…
- Interacciones farmacológicas: mayor riesgo en caso de policonsumo
- Riesgo de sobredosis según el potencial de abuso de la sustancia
La salud pública presta especial atención a las cuestiones relacionadas con el consumo de psicotrópicos, ya se trate de medicamentos recetados o de estupefacientes. En Francia, la Dirección de Salud y la Seguridad Social publican regularmente datos y recomendaciones sobre este tema.
¿Cómo actúan los medicamentos psicotrópicos?
Los medicamentos psicotrópicos actúan sobre el sistema nervioso central modificando sus equilibrios químicos. Intervienen especialmente en los neurotransmisores —esos mensajeros químicos del cerebro— como la serotonina, la dopamina o el GABA.
Por ejemplo:
- Los antidepresivos del tipo ISRS (inhibidores de la recaptación de serotonina) aumentan los niveles de serotonina disponibles en las sinapsis, mejorando así el estado de ánimo
- Los ansiolíticos (como las benzodiazepinas) potencian la acción del GABA, un neurotransmisor inhibidor, produciendo un efecto relajante y sedante
- Los neurolépticos o antipsicóticos bloquean ciertos receptores de dopamina para reducir los síntomas psicóticos
- Los hipnóticos y somníferos facilitan el sueño al actuar sobre los mecanismos de regulación del sueño
- Los timo-reguladores como el litio estabilizan el estado de ánimo en los pacientes bipolares
La prescripción médica de estos tratamientos debe supervisarse cuidadosamente: la dosis, duración del tratamiento, posibles efectos adversos y riesgos de dependencia varían de un fármaco a otro. Solo un médico o un profesional sanitario cualificado puede adaptar el tratamiento al perfil de cada paciente.
¿Qué tipos de psicofármacos existen?
Clasificación por efectos
Tradicionalmente se distinguen tres grandes categorías de sustancias psicoactivas, a las que hoy se suman los entactógenos, los opioides, el THC o incluso el óxido nitroso:
Los depresores
Reducen la actividad del sistema nervioso central: ralentización del ritmo cardíaco, descenso de la temperatura corporal, sensación de calma. En exceso, pueden provocar vómitos, pérdida de conciencia e incluso coma. En esta categoría se incluyen el alcohol, el GHB, las benzodiazepinas y los barbitúricos.
Los estimulantes
Aumentan la actividad cerebral y fisiológica, provocando un aumento de la energía, la euforia y el estado de alerta. Su potencial de abuso varía mucho según la molécula: la cafeína presenta un riesgo bajo, a diferencia de la cocaína o la metanfetamina.
Los perturbadores y alucinógenos
Alteran la percepción de la realidad y pueden provocar alucinaciones, desorientación y cambios sensoriales profundos. Algunas presentan un riesgo bajo de dependencia física, pero pueden generar una dependencia psicológica. Entre ellas se encuentra el LSD —cuyo bajo índice de dependencia está documentado por Drogues Info Service—, el DMT, la psilocibina (setas alucinógenas) o incluso el cannabis (THC). Para saberlo todo sobre este último y distinguirlo del CBD, consulta nuestro artículo CBD vs THC: pequeño glosario del cannabis.
Clasificación médica: las grandes clases de medicamentos psicotrópicos
En un contexto médico y farmacéutico, los fármacos psicotrópicos se agrupan en varias clases terapéuticas: los antidepresivos para tratar la depresión y los trastornos de ansiedad, los ansiolíticos para el control de la ansiedad, los hipnóticos y somníferos para los trastornos del sueño, los neurolépticos para los trastornos psicóticos, los timorreguladores para estabilizar el estado de ánimo en los trastornos bipolares, y los estimulantes para el tratamiento del TDAH, entre otros.
Evolución histórica y aparición de una normativa internacional
La historia de los psicotrópicos es indisociable de la de la medicina y la sociedad. Aunque su uso es ancestral, no fue hasta finales del siglo XIX cuando apareció el término «psicotrópico», en un contexto marcado por la demonización de la morfina tras su introducción como medicamento milagroso. Para profundizar en este tema, nuestro artículo dedicado a la historia del cannabis y los experimentos con el hachís aporta una perspectiva histórica complementaria.
En el siglo XX, los avances de la química permitieron sintetizar sustancias psicoactivas sin extraer directamente un principio activo vegetal, lo que abrió el camino a nuevas moléculas más potentes. El consumo recreativo se generalizó a partir de la década de 1960, lo que provocó el tráfico ilícito y la necesidad de una regulación internacional.
Tres grandes convenciones internacionales sentaron entonces las bases del control de los psicotrópicos a escala mundial: la Convención Única sobre Estupefacientes (1961), que regulaba en particular el opio, la morfina, la cocaína y el cannabis; la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas (1971), que se extiende a los alucinógenos, las anfetaminas y los barbitúricos; y la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas (1988), que refuerza la lucha contra el tráfico ilícito.
Legislación sobre sustancias psicotrópicas: una normativa compleja
En Francia
El Código de Salud Pública francés, ampliamente inspirado en los convenios internacionales, clasifica los psicotrópicos en cuatro categorías según su toxicidad, su peligrosidad y su potencial de abuso. Las dos primeras categorías —los estupefacientes— están sujetas a las normas más estrictas: la compra, venta, cultivo y posesión están estrictamente regulados.
La prescripción médica de medicamentos psicotrópicos, por su parte, está regulada por la Seguridad Social y la Dirección de Salud Pública: receta segura obligatoria para determinadas clases, duración limitada de la prescripción, seguimiento del historial médico. Para conocer en detalle las normas aplicables al CBD —una sustancia no psicotrópica derivada del cannabis—, consulte nuestro artículo completo sobre el legislación del CBD en Francia, así como nuestra guía sobre la legislación del CBD en Suiza.
Clasificaciones que suscitan debate
La clasificación jurídica de los psicotrópicos es a menudo criticada por la comunidad científica, ya que se basa más en la naturaleza del producto que en su consumo problemático real o en datos objetivos sobre su peligrosidad. Como recuerda Drogues.gouv.fr, el propio concepto de droga sigue siendo difícil de delimitar en un marco legal universal.
El ejemplo más llamativo es el del alcohol y el tabaco: aunque no figuran en la lista oficial de estupefacientes, ocupan los primeros puestos de las tablas de clasificación de la OMS (1971) en materia de dependencia física, dependencia psíquica y tolerancia — por delante del cannabis, que ocupa el último lugar de esta clasificación.
En 1978, la abogada M. Pelletier estableció para el Código de Salud Pública una tabla de puntuación de los psicotrópicos de 0 a 4. El cannabis obtiene en ella puntuaciones muy bajas (dependencia psíquica: 1, dependencia física: 0, tolerancia: 0), mientras que el alcohol acumula puntuaciones máximas en los tres criterios. Esta incoherencia entre la peligrosidad científicamente demostrada y el estatus jurídico sigue alimentando el debate político y de salud pública tanto en Francia como en numerosos países occidentales.
Lo que hay que recordar
- Un psicotrópico es una sustancia química que actúa sobre el sistema nervioso central y modifica la percepción, el estado de ánimo, la conciencia o el comportamiento
- Los psicotrópicos pueden ser de origen natural o sintético, legales o ilícitos, de uso médico o recreativo
- Su consumo conlleva riesgos variables según la sustancia: dependencia, toxicidad, efectos secundarios, síndrome de abstinencia
- Los medicamentos psicotrópicos (antidepresivos, ansiolíticos, neurolépticos, hipnóticos, reguladores del estado de ánimo) son herramientas terapéuticas esenciales para tratar los trastornos mentales, pero su uso debe ser supervisado cuidadosamente por un profesional sanitario
- La legislación sobre los psicotrópicos sigue siendo compleja y no siempre refleja fielmente los datos científicos sobre la peligrosidad real de las sustancias